Mientras el sol se apagaba detrás de las formaciones rocosas de Al-Ula, en el campamento se fue cocinando algo más espeso que el polvo del día de la segunda etapa del Dakar 2026. No fue un rumor ni una charla de sobremesa: fue una rebelión en voz alta. Los protagonistas no son los que salen en las fotos de portada ni los que juegan por la general. Son los pilotos de Ultimate “no prioritarios”, los que suelen moverse entre el puesto 25 y el 50. Los que corren igual… pero largan como si no existieran.
El que encendió la mecha fue Romain Chabot. Sin embargo, el que terminó de ordenar el enojo fue Isidre Esteve. El destinatario del reclamo fue claro y concreto: la Federación Internacional del Automóvil, representada en el vivac por Jérôme Roussel, director de Cross Country.
EL VIEJO PROBLEMA QUE VUELVE A ESTALLAR

El conflicto no es nuevo, pero en esta edición volvió a explotar con fuerza: el orden de salida. En Ultimate, el primer grupo lo forman los pilotos cuyo tiempo entra dentro del 110% del ganador de la etapa. Después se cuelan los diez mejores de Stock, Challenger, SSV y camiones. Recién entonces largan el resto de los Ultimate.
En la práctica, la ecuación es perversa. Pilotos rápidos, con autos T1+ de primer nivel, obligados a salir detrás de más de 30 vehículos más lentos, que parten cada 30 segundos y levantan una pared de polvo constante. No es solo una cuestión de rendimiento: es una ratonera.
El ejemplo lo explica todo. Esteve terminó 29º la primera etapa… y largó 66º en la siguiente. Traducción Dakar: kilómetros y kilómetros sin ver la pista, sin referencias, sin margen para correr ni para esquivar errores ajenos. “Hay cosas que no pueden ser. No puedes terminar 25º y salir 70º. Entonces piensas: ¿para qué corro?”, soltó Esteve, sin anestesia.
POLVO, RIESGO Y UNA SEGURIDAD QUE NO ALCANZA

El reclamo fue subiendo de temperatura cuando la charla d
La primera noche en Al-Ula cayó, pero el tema siguió girando entre motorhomes, carpas y mesas improvisadas. Nadie pide privilegios. Piden lógica. Que ir rápido hoy sirva para algo mañana. Que la categoría reina no castigue a los que quedan en tierra de nadie.
El Dakar siempre fue duro. Siempre fue injusto a veces. Pero también fue una carrera que supo corregirse cuando la balanza se inclinó demasiado. La rebelión no busca romper el juego. Busca que, en la categoría Ultimate, correr bien vuelva a tener sentido… y que el polvo no termine tapando lo esencial.
ejó de ser técnica y pasó a ser humana. “Salieron delante nuestro más de 40 coches más lentos. Todo el día en el polvo. ¿Seguridad? Aquí la seguridad no existe”, disparó Esteve, visiblemente indignado tras bajarse del auto.
La bronca no fue solo por lo vivido, sino por la sensación de soledad. “Aquí tendrían que estar todos los pilotos de Ultimate y no solo los damnificados. El que hoy no se siente perjudicado cree que esto no va con él, pero mañana le puede tocar”, remarcó. En el vivac, esa frase quedó flotando. Porque el Dakar cambia rápido de roles: hoy estás adelante, mañana sos parte del pelotón invisible.
Antes incluso de sentarse formalmente a hablar, la FIA movió una ficha: amplió el margen del 110% al 117%. En los papeles, el grupo inicial pasa de unos 25 autos a cerca de 38. Un gesto político. Un alivio parcial. El problema de fondo, para muchos, sigue intacto.
Fuente: Automundo