Test drive

Manejamos el nuevo Peugeot 208

Hicimos el trayecto entre Colonia y Montevideo, Uruguay, y te contamos las primeras impresiones que dejó.

Manejamos el nuevo Peugeot 208

Temprano te contamos cómo va a estar compuesta la gama del nuevo Peugeot 208, motores, equipamiento y precios; ahora llega el momento de hacer un repaso de las impresiones que dejó detrás de su -pequeño- volante después de manejarlo entre las dos ciudades uruguayas, donde la casa del león está ahora mismo realizando la presentación a la prensa argentina, y Autocosmos obviamente está presente.

Lo primero que vamos a destacar del nuevo 208 es la posición de manejo. Inicialmente resulta un shock tener un volante tan pequeño y colocado en posición baja. Inclusive en velocidad de ruta pareciera que la dirección es muy directa y el auto algo nervioso. Todo eso pasa a los pocos kilómetros y una vez aclimatados el resultado es muy bueno, permitiendo además la sensación deportiva similar a manejar un karting.

Peugeot dice que esta disposición permite ver mejor el cuadro de instrumentos, casi como un head up display, sin apartar la mirada del camino. La verdad es que ayuda pero no es la solución definitiva. Sin embargo, lo mejor es para los brazos que van más bajos, permitiendo relajar los hombros.

Los asientos son ergonómicos y el respaldo algo duro, pero gracias a las regulaciones de altura de butaca y volante, que ahora suma profundidad, deja atrás una de las críticas más importantes de los 206 y 207 Compact, que era la posición de manejo muy corta de piernas y larga de brazos.

Manejamos la versión más equipada (Feline) con el motor 1.6L 16V de 115 CV. Lo primero que podemos decir es que se siente vivo y con buena respuesta en casi cualquier régimen. Acompaña una caja con palanca de recorridos algo largos y relación final algo corta, aunque lo lleva algo enroscado a velocidades de autopista. Igualmente la insonorización está muy bien lograda y solo se empieza a sentir algo de ruido cuando se pasan los 135 km/h, siendo un buen resultado.

Las suspensiones se sienten confortables y absorbieron bien las irregularidades de las rutas uruguayas, inclusive las juntas de dilatación, que solo son percibidas por el ruido de los neumáticos al pasarlas por encima. Si bien no encontramos curvas desafiantes, en recta la estabilidad se siente buena, inclusive cuando aprovechamos un tramo de camino libre para aventurar al velocímetro en terrenos poco santos.

Respecto de la cabina, en las versiones menos equipadas, se nota el trabajo en las texturas de los decorados, aunque podrían ser de mejor calidad. En este aspecto, el Feline mejora ostensiblemente. Hay muchas juntas en el tablero, lo que permite encontrar detalles de ajuste, pero el conjunto luce sólido y atractivo.

Gran parte de la responsabilidad la tiene el bello cuadro de instrumentos y la pantalla central táctil de 7” fácil de operar, que nos dio las instrucciones para llegar con el navegador (GPS), mientras nos permitía elegir y escuchar entre todas las carpetas de un pendrive (USB) que preparamos especialmente para la ocasión. No es 100% intuitiva, pero es buena e inclusive permite algunos gestos avanzados como mover los menús arrastrándolos con el dedo, algo aún poco común en los autos. La experiencia es rematada por el techo cielo, de amplia superficie acristalada.

Por el momento ya tuvimos un buen abanico de sensaciones a bordo del nuevo 208. Cuando regresemos tendremos uno para probarlo holgadamente en nuestras calles y rutas. Hasta ese momento, el resultado que tuvo Peugeot con este compacto parece cumplir con la promesa de la marca que habla de una re-generación de su clásico poderío en el segmento.

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