El domingo 19 de junio de 1966 Ford logró su primera victoria en las 24 Horas de Le Mans, un triunfo que les costó años y millones de dólares de inversión, por ello, Henry Ford II no dudo en subir al podio con sus pilotos y pedir que trajeran varias botellas de champagne Moët & Chandon.
Ese gesto convirtió a Bruce McLaren y Chris Amon en los primeros pilotos que celebraron con champagne en el podio de una carrera y volvió a la botella verde de tres litros (jeroboam) de la empresa francesa, un icono de las celebraciones en el deporte motor.

La mayor tradición en el triunfo de una carrera tuvo que esperar un año más, en 1966, Jo Siffert, ganó con Porsche la división 2.0 y también recibió un jeroboam, que venía agitado y cuando lo destapó, saltó champaña de la botella, lo que inspiró en 1977 a Dan Gurney para bañar a todos los asistentes al podio en su victoria de ese año en Le Mans.
Gurney sacó el corcho de la botella, puso el dedo en la boquilla y comenzó a agitar la botella para generar un enorme chorro de la bebida, que dejó a todos bañados (foto principal).

Como muchas tradiciones, poco a poco fue permeando a otras categorías, especialmente la Fórmula 1, donde fue llevado por Jackie Stewart. El británico bañó a todos celebrando su victoria en el Gran Premio de Francia de 1969, donde dominó toda la carrera con su Matra-Ford (otra vez Ford) y amplió su ventaja en el Campeonato Mundial de Pilotos, en el camino a su primer título de la Máxima Categoría.
Hoy el baño de champagne es uno de los momentos más especiales en cualquier carrera en el mundo, y es una tradición que ha trascendido a otros deportes, donde es común hoy en día ver baños de espumante en la celebración de campeonatos o clasificaciones a finales.

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